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La apropiación oportunista del trabajo colectivo

Foto del escritor: Partido Comunista de México
Partido Comunista de México
28 sept
5 min de lectura

Comité Regional del PCM en la Península de Yucatán.

 

El oportunismo político suele presentarse de muchas formas. Quizá la más conocida ocurre cuando una persona o un grupo se incorpora a un movimiento con el propósito de acumular capital político y obtener algún beneficio particular, como votos, candidaturas, cargos públicos o recursos económicos. Sin embargo, existe otra forma de oportunismo sobre la cual también debemos hablar, aquella que se aprovecha del trabajo a ras de suelo realizado por organizaciones combativa y populares para aumentar sus filas, obtener visibilidad y presentarse públicamente como una fuerza que contribuyó a construir procesos en los que realmente no tuvo ninguna participación.

 

Este es el caso del llamado Partido Comunista Revolucionario, una organización de orientación trotskista cuyos antecedentes se encuentran en la Corriente Marxista Internacional, actualmente constituida como Internacional Comunista Revolucionaria, quienes históricamente han practicado abiertamente el entrismo. Esto, permite identificar métodos que pueden reaparecer bajo otras formas. En lugar de incorporarse durante largos periodos a una organización, puede aprovechar las movilizaciones construidas por otras fuerzas para captar personas, difundir su propaganda y obtener una visibilidad que no corresponde con su participación real en el trabajo organizativo.

 

Aunque existen experiencias semejantes en distintos lugares de México, centraremos el análisis en la experiencia en Mérida, Yucatán. Desde hace más de tres años, el Frente Popular “Efraín Calderón Lara”, mediante su comisión estudiantil, integrada principalmente por el Frente de la Juventud Comunista y el Frente Independiente de Resistencia Estudiantil, impulsa la Jornada de Lucha Estudiantil. Esta jornada comprende, entre otras actividades la marcha por la presentación con vida de los 43 normalistas de Ayotzinapa y la conmemoración de la masacre de Tlatelolco del 2 de octubre.

 

Cada jornada de lucha es resultado de varias semanas de trabajo. Las organizaciones convocan a estudiantes y hacen trabajo político en las universidades, establecen vínculos con sindicatos y organizaciones populares, celebran reuniones, toman acuerdos, preparan materiales, definen consignas, organizan el recorrido, distribuyen los lugares de los contingentes y preparan las intervenciones del mitin. Es un proceso colectivo que requiere tiempo, disciplina y recursos. En una palabra, requiere organización.

 

El PCR no participa en este proceso previo ni asume las responsabilidades necesarias para construir la jornada. Sin embargo, convoca a la misma hora y en el mismo lugar, en ocasiones antes del horario establecido por las organizaciones responsables. Esta conducta se ha repetido en las distintas jornadas de lucha estudiantil. Cuando llegan quienes fueron convocados por el FP-ECL, militantes del PCR los abordan para atraerlos hacia su propio contingente. Durante la marcha despliegan consignas que no fueron acordadas y se contraponen a las indicaciones de quienes fueron designados para conducirlas. La misma lógica aparece en la colocación de sus mantas. En lugar de respetar el orden acordado previamente, en dónde cada organización tiene su lugar según los acuerdos previos, buscan ocupar los espacios que les proporcionen mayor visibilidad y protagonismo. Durante el mitin interrumpen la atención de las personas asistentes mediante la distribución de propaganda, la venta de periódicos y la invitación constante a incorporarse a su organización. La movilización es para ellos, un espacio para su promoción.

 

Esto debe analizarse con cautela y nombrarse con claridad. Es oportunismo. El PCR aprovecha el trabajo de compañeras y compañeros que durante semanas sostuvieron el proceso de convocatoria, coordinación y organización. También se beneficia de la legitimidad construida durante años por el Frente Popular “Efraín Calderón Lara” que mantiene un trabajo permanente entre estudiantes, trabajadores y sectores populares.

 

La propaganda, la venta de periódicos y el reclutamiento forman parte de la actividad de cualquier organización política. El problema comienza cuando estas tareas se realizan a costa del trabajo ajeno. Quien llega a una movilización organizada por otras fuerzas tiene derecho a participar, pero tiene la responsabilidad política de respetar sus objetivos, consignas y mecanismos de coordinación y sobre todo sus decisiones. La presencia política no otorga el derecho a apropiarse del espacio ni a presentarse como dirección de un proceso que no construyó.

 

Estas prácticas son políticamente desleales y deshonestas. El trabajo colectivo produce una concentración de fuerzas y el PCR intenta convertir una parte de esa fuerza en crecimiento propio. Mientras unas organizaciones asumen los costos materiales y políticos, otra pretende apropiarse de los resultados en forma de contactos, militantes y visibilidad.

 

El PCR se excusa de esta actitud parasitaria en que las demandas económicas y las exigencias inmediatas son "limitadas". Es decir, planteamientos como: La necesidad de un movimiento estudiantil masivo y unificado, la creación de Frentes amplios de lucha social, la construcción de Comités con exigencias bien definidas, la formación de sindicatos combativos, son para el PCR asuntos “moderados” que impiden la “revolución mundial" por el socialismo. De forma idealista buscan una radicalización ideológica, "radicalización" que se reduce al activismo y a la militancia performativa.

 

Este no es un asunto menor ni puede reducirse a diferencias históricas entre diferentes corrientes del comunismo. Cuando se pretende crecer mediante la apropiación del trabajo realizado por otros, no puede llamarse de otra forma más que oportunismo. Y si bien no debe reducirse a diferencias históricas, el actuar del trotskismo en la actualidad sí tiene un origen histórico y de clase, pues el trotskismo nace como una tendencia de la pequeña burguesía en las filas del movimiento obrero. Históricamente, al ser contrarios a la línea revolucionaria de los bolcheviques y estar en minoría, recurrieron a la conformación de facciones, a la manipulación y la intriga para tratar de convertir al Partido Bolchevique no en un partido de la revolución proletaria, sino en un partido de la reforma social, tal como es hasta hoy. Si hoy buscan desestabilizar y dividir, responde a que esa es la escuela que el trotskismo trae desde su origen como corriente política.

 

Y por supuesto, nuestro análisis se basa en el actuar que hemos observado, por lo que debemos recuperar críticamente la experiencia de cuando el PCR todavía actuaba bajo el nombre de La Izquierda Socialista. Su intervención dentro del Frente Independiente de Resistencia Estudiantil reprodujo una lógica de entrismo mediante la cual aprovechó el trabajo de la organización estudiantil, que llevo meses construir con esfuerzo y disciplina, para fortalecer sus propias filas, dividiendo al FIRE y llevándose a parte de las y los estudiantes agrupados en él. Este antecedente obliga a preguntar cómo puede construirse confianza con una organización que utiliza los espacios de organización colectiva como terrenos permanentes de captación.

 

Cuidar nuestros espacios significa proteger el trabajo colectivo frente a cualquier intento de apropiación. Significa impedir que la disposición militante de quienes organizan termine convertida en capital político para quienes aparecen únicamente cuando la movilización ya está construida. Combatir el oportunismo es defender la organización popular, el respeto entre fuerzas políticas y el principio elemental de que ninguna organización debe crecer a costa del trabajo de las demás.

 

El Comité Regional del Partido Comunista de México en la Península Yucatán, invita tanto a sus militantes como a las organizaciones del Frente Popular “Efraín Calderón Lara” a prestar atención y cuidar el espacio de lucha que se ha construido con años de esfuerzo.



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