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El falso discurso y el oportunismo de los partidos burgueses.

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Militante
hace 5 días
9 min de lectura

Por Neftalí Ricardo


En una sociedad dividida en clases, la política expresa la lucha entre intereses materiales contrapuestos. Las condiciones de vida empujan a la clase trabajadora hacia la inconformidad, mientras las distintas fracciones de la burguesía disputan la dirección de esa inconformidad. La precariedad laboral, el encarecimiento de la vivienda, la destrucción ambiental, la discriminación, la violencia y la falta de oportunidades producen un malestar profundo entre la clase trabajadora, especialmente en la juventud. Los partidos burgueses buscan transformar ese malestar en respaldo electoral y conservarlo dentro de los límites del capitalismo.


Lenin escribió que los hombres, y las mujeres, han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio. La superación de ese engaño exige descubrir los intereses de clase presentes detrás de las frases, declaraciones y promesas políticas. Este principio debe llevarnos a estudiar a los partidos que se presentan como representantes de la ciudadanía, la juventud, el medio ambiente y las causas populares. Su carácter de clase aparece en las relaciones sociales que protegen, en los intereses económicos que preservan y en el destino político que ofrecen a las demandas de las masas.


La función ideológica de los partidos consiste en organizar esta apariencia. Cada uno presenta un programa como una expresión de toda la ciudadanía y como si fuera completamente diferente a otros partidos de la burguesía. Las diferencias entre ellos son reales y corresponden a distintas formas de administrar el Estado, distribuir el presupuesto y negociar con los grupos empresariales. Sin embargo, todo se desarrolla dentro de las relaciones capitalistas de propiedad y explotación. El Estado continúa garantizando la propiedad privada, el trabajo asalariado, la acumulación de capital y las condiciones generales para la reproducción de la burguesía. Tal como caracterizaron Marx y Engels el Estado moderno es el administrador de los negocios comunes de la burguesía.


Los partidos burgueses se sirven entonces de engaños para que la clase trabajadora se incline por uno u otro. Un ejemplo puede verse cuando Morena responsabiliza al PRI, al PAN y al PRD de la corrupción, la desigualdad, la violencia y el abandono de la población. Y paralelamente estos partidos acusan a Morena y a la llamada Cuarta Transformación de destruir las instituciones, dividir al país y profundizar los problemas nacionales. Muchas de esas acusaciones contienen hechos ciertos. Los gobiernos del PRI y del PAN impulsaron privatizaciones, entregaron bienes públicos al capital, reprimieron luchas sociales y desarrollaron extensas redes de corrupción. Y por su lado, los gobiernos de Morena han mantenido alianzas empresariales, concesiones privadas, grandes proyectos de acumulación y una creciente participación de las fuerzas armadas en la vida pública y económica.


Cada bloque presenta los problemas como resultado de la inmoralidad, corrupción o incompetencia de sus adversarios. La estructura capitalista desaparece de la explicación. Los bajos salarios quedan reducidos a una mala política laboral. La crisis de vivienda aparece como falta de planeación urbana o un truculento negocio entre funcionarios públicos. La devastación ambiental se atribuye exclusivamente a funcionarios corruptos. La desigualdad se convierte en una distribución inadecuada del presupuesto. El cambio de administradores aparece entonces como solución para problemas originados en las relaciones de producción y propiedad.


Las acusaciones entre Morena, el PRI, el PAN y el PRD resultan relativamente fáciles de reconocer como parte de una disputa electoral. Una estrategia más elaborada aparece cuando algunos partidos adoptan la forma de movimientos juveniles, causas ambientales, plataformas ciudadanas o redes de activistas. El Partido Verde y Movimiento Ciudadano representan dos modalidades de esta intervención ideológica.


El Partido Verde ha utilizado de manera reiterada a figuras del espectáculo, el deporte y las redes sociales para promoverse durante los procesos electorales. En 2021 distintas personalidades publicaron contenidos en Instagram durante la veda electoral para anunciar que votarían por este partido. Entre ellas se encontraban Nabile Guerra, Ana Claudia Cabrera, Paulina Hernández, AlexXxStrecci, Fernando Lozada, Sherlyn González, Gabriel Soto, Lambda García y Raúl Araiza.

El mismo procedimiento había sido empleado en 2015 con figuras como Gloria Trevi, Andrea Legarreta, Inés Sainz, Julio César Chávez, Daniel Bisogno, Aleks Syntek y Jorge van Rankin. Los mensajes utilizaron etiquetas comunes y alcanzaron a millones de personas. La repetición durante distintos procesos electorales muestra una práctica estable del partido.


Esto fue documentado por el Instituto Nacional Electoral, quien ordenó retirar de redes sociales, lo que catalogó, como una campaña propagandística del Partido Verde Ecologista de México realizada a través de diferentes figuras públicas, conocidas como “influencers” en internet. La celebridad funciona aquí como mercancía política. Su imagen posee un valor producido durante años de exposición televisiva, deportiva o digital. El partido utiliza ese valor para distribuir propaganda entre una audiencia previamente formada. La confianza y familiaridad construidas entre la celebridad y sus seguidores son transferidas hacia la organización política. El mensaje partidario adquiere la apariencia de una recomendación personal.


La forma resulta semejante a la publicidad comercial. La figura pública promociona al partido del mismo modo en que promociona una marca, un servicio o una mercancía. El contenido ambiental sirve como envoltura moral. La relación concreta entre el Partido Verde, sus alianzas gubernamentales y las políticas favorables a la explotación capitalista de la naturaleza queda fuera del mensaje.


Movimiento Ciudadano desarrolla una estrategia más profunda. Su intervención comienza dentro de los lenguajes, símbolos y preocupaciones de la juventud. Las luchas contra la discriminación, la gentrificación, la destrucción ambiental, la violencia de género y la precariedad expresan contradicciones reales de la sociedad capitalista. También expresan procesos de resistencia construidos por comunidades, colectivos y movimientos sociales. Movimiento Ciudadano busca incorporar esas demandas a una identidad partidaria presentada como juvenil, progresista, irreverente y ciudadana. Las demandas conservan su fuerza moral, pero son despojadas de su contenido de clase. El partido adopta la apariencia de una fuerza radical mientras conserva los fundamentos económicos de la sociedad burguesa.


En ¿Quiénes son los amigos del pueblo y cómo luchan contra los socialdemócratas?, Lenin examinó a quienes hablaban en nombre del pueblo mientras ocultaban las contradicciones de clase existentes dentro de la sociedad. Es importante desenmascarar esta estrategia contemporánea en su forma, pero idéntica en su contenido, de quienes hablan en nombre del “pueblo” mientras ocultan sus verdaderas intenciones.


Primero debemos comenzar analizando la campaña de Samuel García por la gubernatura de Nuevo León. Esta dio muestra de la integración de la influencia digital con la propaganda electoral. Mariana Rodríguez poseía una audiencia formada antes de la campaña y desarrollaba una actividad vinculada con la publicidad en redes sociales. Su participación convirtió esa audiencia en una fuerza de difusión política.


La Unidad Técnica de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral investigó trece quejas relacionadas con su intervención. El proyecto examinó alrededor de 1 300 historias y 45 fotografías publicadas durante los 90 días de campaña. Mariana Rodríguez etiquetaba a Samuel García, promovía sus propuestas, realizaba llamados al voto y utilizaba la expresión “vota por nosotros”. La consejera Adriana Favela describió este proceso como una fusión entre la candidatura de Samuel García y la actividad comercial de Mariana como influencer.


En ese momento, su cuenta tenía aproximadamente 1.8 millones de seguidores. Su nombre estaba registrado como marca comercial y su actividad económica estaba vinculada con los servicios publicitarios. El INE estimó inicialmente en 27.8 millones de pesos el beneficio proporcionado mediante sus publicaciones. También contabilizó su participación en el video profesional “Arráncate Nuevo León Rock”. El Tribunal Electoral modificó posteriormente la resolución. Consideró que el vínculo matrimonial permitía presumir la espontaneidad de las publicaciones y sostuvo que la condición de influencer carecía de fuerza suficiente para limitar su libertad de expresión.


Aquí, el programa y los intereses de clase representados por Movimiento Ciudadano quedaron desplazados por una narrativa de juventud, éxito, emprendimiento y cercanía. La relación entre la influencer y sus seguidores produjo la impresión de una comunicación personal. Esa cercanía cumplió una función política concreta al fortalecer la candidatura de una fuerza integrada al Estado burgués y convirtió la vida cotidiana de una influencer en un espacio permanente de propaganda.


La campaña presidencial de Jorge Álvarez Máynez amplió esta experiencia. El propio candidato fue construido como influencer. Las canciones, los videos breves, los memes, las visitas a universidades y las tendencias de TikTok buscaron producir reconocimiento entre la juventud.

El candidato fue representado como un personaje disruptivo y alejado de la vieja política. El estudio también encontró tensiones entre esta representación y la identidad histórica de Movimiento Ciudadano. La canción “Presidente Máynez” desempeñó una función semejante a la expresión fosfo fosfo. Su repetición produjo familiaridad y permitió que el nombre del candidato circulara como contenido de entretenimiento. La propaganda se integró a las prácticas cotidianas de las plataformas digitales.


Movimiento Ciudadano presentó esta estrategia como una ruptura con la política tradicional. Sin embargo, el programa del partido no se aleja de la política burguesa y tanto sus fundadores como sus principales dirigentes provienen de la escuela política de otros partidos políticos, principalmente del PRI como su fundador Dante Delgado o la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega.


Si bien esta estrategia de redes ha sumado fuerza política a movimiento ciudadano, hasta ese momento no tenía aún un contenido político claro, más bien le apostaban a la viralidad. Ahora, la estrategia se ha vuelto más profunda y velada, es por eso que conviene estudiarla a fondo.


Movimiento Ciudadano reconoce abiertamente su política de incorporación de figuras públicas. En febrero de 2024 publicó un boletín titulado “Movimiento Ciudadano privilegia a la ciudadanía y activistas en sus candidaturas federales”. El documento presentó al activista Bryan LeBarón, la deportista Paola Longoria, el abogado conocido en redes como Lic. Dacor y la activista por los derechos de las mujeres trans Kenya Cuevas.


La incorporación de estas figuras permite al partido apropiarse simbólicamente de una legitimidad construida fuera de sus estructuras. Cada activista llega con una trayectoria, una causa y una comunidad que reconoce su trabajo y escucha sus opiniones. La candidatura convierte ese prestigio social en un recurso electoral.


El caso de Kenya Cuevas muestra las contradicciones de este proceso. Movimiento Ciudadano la anunció como candidata a diputada federal debido a su trayectoria en la defensa de los derechos de las mujeres trans. Cuevas se retiró posteriormente de la postulación. Explicó que había buscado construir una agenda legislativa congruente y una posición efectiva para las acciones afirmativas. Después de analizar la operación partidaria, concluyó que la invitación tenía como objetivo ganar votos y simular representación de las poblaciones LGBT.


En Yucatán, el caso de Graciela Carrillo permite estudiar una forma gradual de articulación entre influencia digital, demandas populares y organización partidaria. Sus contenidos abordan temas como movilidad, urbanismo, gentrificación, medio ambiente y discriminación. Estas intervenciones producen la imagen de una voz ciudadana crítica frente a los gobiernos y problemas de la entidad.


Su relación orgánica con Movimiento Ciudadano se encuentra documentada por el propio partido. Un dictamen de octubre de 2024 incluyó a Graciela Carrillo Carrillo entre las personas con registro procedente como precandidatas a delegadas de la Cuarta Convención Estatal de Movimiento Ciudadano en Yucatán. Otro dictamen emitido en noviembre de 2024 la registró entre las personas candidatas a integrar la Coordinadora Ciudadana Estatal. Este órgano forma parte de la dirección de Movimiento Ciudadano en Yucatán. Su relación con el partido posee entonces un carácter orgánico y documentado.


Las demandas difundidas por Carrillo pueden ser verdaderas y representar problemas concretos de la población. Pero su fin no es más que el de llevar al espectador hacia la creencia de que la agenda de Movimiento Ciudadano está vinculada a la resolución de estos problemas y por ende al voto hacia ese partido.


Para poner un ejemplo de esto se puede observar el conflicto relacionado con el complejo inmobiliario denominado Dunas de Chuburná, el cual puede mostrar los límites de una crítica dirigida exclusivamente contra funcionarios y partidos. Las acusaciones hacia Mauricio Vila, el PAN, Joaquín Díaz Mena o Morena adquieren fundamento cuando se documentan permisos, concesiones u omisiones que favorecen la destrucción ambiental. Y si bien esto es parte de la realidad, la responsabilidad de los funcionarios forma parte de una relación más amplia entre el Estado y el capital inmobiliario.


La estrategia consiste entonces en una forma de demagogia más elaborada, que esconde con toda intención la esencia del capitalismo. Que habla de problemas reales, pero ofreciendo soluciones falsas. ¿Y quiénes están expuestos a esta estrategia? Principalmente la juventud. Y aquí, lo interesante es que se ofrecen dos alternativas que aprovechan la confusión ideológica que la burguesía ha promovido desde el siglo pasado. Por un lado, la tradicional, es decir, el voto a este partido que se erige como capaz de resolverlos, por otro lado, ofrece espacios de manifestación popular, sin que estas concluyan, por supuesto, en una organización popular.


Se apoyan en conceptos como la resistencia, el movimiento, la autonomía y la independencia política, que convive con las posiciones posmodernas y que atraen a la juventud que siente la necesidad de luchar para transformar su realidad. Por esto, es importante analizar que hay más allá de la convocatoria a una manifestación, un reel en una red social y la opinión de una figura pública. No todo lo que tiene un lenguaje de lucha verdaderamente lo es.


La organización de la clase trabajadora y los sectores populares debe partir desde su interés de clase ¿Basta con denunciar una mala administración o una corruptela que entregó permisos bajo dudosos acuerdos? ¿O es necesario poner sobre la mesa las condiciones materiales que hacen posible que unos pocos se apropien de los recursos naturales y las riquezas sociales? La sociedad debe transformarse, pero esto no será posible mientras que un partido al servicio de la burguesía, por más radical que suene su discurso, administre el Estado. Esto sólo será posible cuando la clase trabajadora tome el cielo por asalto y con sus propias manos construya sobre las ruinas de la sociedad capitalista una sociedad justa.



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