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La maquiladora Moyel responde con despidos a la organización obrera en Hopelchén

  • Foto del escritor: Chak Saastal
    Chak Saastal
  • 30 jun
  • 2 min de lectura

Por Corresponsal de Chak Saastal


El conflicto laboral en la maquiladora Moyel entró en una nueva etapa. Después del paro realizado por trabajadores para exigir un reparto justo de utilidades y mejores condiciones laborales, nueve obreros despedidos denuncian que la empresa busca pagar liquidaciones por debajo de lo que corresponde a su antigüedad. La Junta Local de Conciliación y Arbitraje de Campeche también fue señalada por favorecer a la empresa.


La respuesta patronal llegó después del paro. De acuerdo con las denuncias de las y los trabajadores, nueve personas fueron despedidas tras participar en la protesta. Las y los trabajadores reclaman una liquidación justa por despido injustificado y señalan que la empresa pretende pagar cantidades inferiores a las que corresponden por sus años de servicio. Hay obreros con más de seis años de antigüedad.


La denuncia contra la Junta Local de Conciliación y Arbitraje agrava el conflicto. Las y los trabajadores, señalaron que la autoridad laboral favorece a la patronal y limita la conciliación a montos que rondan los cuarenta días de trabajo. Para los trabajadores despedidos, esa propuesta desconoce su antigüedad y reduce el costo patronal de la represalia. El caso muestra el papel que juegan las instituciones laborales del estado cuando el conflicto enfrenta a obreros organizados contra la patronal. y cómo, pese que a de forma discursiva se habla del estado como conciliador, realmente es un estado que protege a la patronal.


Moyel forma parte de un sector maquilador que, como la economía de todo el país, se sostiene sobre la intensidad del trabajo obrero. La producción depende de manos que cortan, cosen, ensamblan, revisan, empacan y cumplen metas bajo presión cotidiana. Cuando esa fuerza de trabajo exige claridad sobre las utilidades y respeto a sus condiciones laborales, la empresa responde con despidos. El despido de quienes encabezaron la protesta busca disciplinar al resto de las y los trabajadores. Esa práctica golpea el derecho de las y los los trabajadores a defender colectivamente sus condiciones de vida. También busca romper la unidad obrera que hizo posible el paro.


La lucha de los trabajadores de Moyel debe leerse como parte de una realidad de la clase trabajadora. En regiones donde las opciones de empleo formal son limitadas, la maquila se presenta como fuente de trabajo, pero impone salarios bajos, ritmos intensos y una relación desigual entre empresa y trabajadores. La necesidad de empleo se usa como mecanismo de control.


La organización obrera sigue siendo necesaria. Sin organización, la inconformidad queda encerrada en cada línea de producción, en cada turno y en cada trabajador aislado. Con organización, las demandas toman forma colectiva y obligan a la empresa y a las autoridades a responder. El caso Moyel confirma que la defensa de las utilidades, la estabilidad laboral y las condiciones dignas de trabajo depende de la fuerza organizada de la clase trabajadora.



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