El Estado mexicano abre las puertas al capital israelí en Yucatán

Por Neftalí Ricardo
Durante los primeros días de octubre de 2026, el Gobierno de Yucatán promovió la participación de empresas israelíes en el mercado agroindustrial de la península. Lo hizo mediante su respaldo a Pro Agro Innovación 2026, un encuentro empresarial realizado en Mérida que reunió a empresarios agroindustriales y compañías extranjeras interesadas en ampliar sus negocios en la producción agropecuaria en México. Entre sus aliados estratégicos se encontraba Israel Trade & Investment, organismo vinculado con la promoción comercial del Gobierno de Israel, cuya participación fue reconocida públicamente por las autoridades yucatecas.
Este acontecimiento permite observar la política económica que desarrolla el Estado mexicano para facilitar la entrada del capital Israelí a las distintas ramas de la producción nacional. La burguesía tiene en el Estado Mexicano un instrumento para establecer relaciones comerciales, garantizar condiciones de inversión y ampliar los mercados.
La relación económica entre México e Israel tiene antecedentes que permiten comprender el papel desempeñado por el Gobierno de Yucatán. El 10 de abril de 2000, durante el gobierno de Ernesto Zedillo, ambos Estados firmaron un Tratado de Libre Comercio que entró en vigor el primero de julio del mismo año. Entre sus objetivos se encuentran eliminar obstáculos al intercambio de mercancías, facilitar el comercio bilateral y aumentar las oportunidades de inversión. Este tratado continúa vigente y constituye uno de los principales instrumentos mediante los cuales el Estado mexicano facilita las relaciones económicas con la burguesía israelí.
Los resultados de esta política pueden observarse en las propias cifras de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Entre 1999 y 2020, el comercio bilateral aumentó 304.2%, pasando de 210.6 a 851 millones de dólares. Durante ese periodo, las importaciones mexicanas procedentes de Israel alcanzaron 660.4 millones de dólares, mientras las exportaciones mexicanas llegaron a 190.6 millones. Estas cifras muestran el crecimiento de las relaciones comerciales entre ambos países durante dos décadas y el interés de sus respectivas burguesías en mantenerlas.
El tratado ha sobrevivido a los distintos gobiernos federales, independientemente de los partidos que han ocupado la Presidencia de la República. Su permanencia expresa la continuidad de una política que claramente arropa los intereses de la burguesía. La alternancia entre partidos políticos de la burguesía ha permitido modificar las formas de administrar el Estado pero sin alterar lo esencial del capitalismo.
En Yucatán, esta política encuentra condiciones favorables en el desarrollo de la producción agroindustrial, la ampliación de los mercados agrícolas y la incorporación de nuevas tecnologías a los procesos productivos. Durante las últimas décadas, los distintos gobiernos han promovido inversiones privadas destinadas a incrementar la producción y facilitar su comercialización. El desarrollo de infraestructura de transporte como el tren maya, la ampliación de las cadenas agroalimentarias y la incorporación de capital extranjero forman parte de un mismo proceso de expansión de las relaciones capitalistas de producción en la península.
El Gobierno de Joaquín Díaz Mena, de morena, pero que anteriormente fue militante del PAN, continúa esta política. El 12 de mayo de 2026, su administración presentó oficialmente Pro Agro Innovación en la Ciudad de México, anunciando la participación de empresas, inversionistas y productores nacionales e internacionales. Posteriormente, el 9 de octubre, el secretario de Desarrollo Rural, Edgardo Medina Rodríguez, inauguró el encuentro en representación del gobernador. Durante su intervención destacó las oportunidades de comercialización, financiamiento y acceso a nuevos mercados, señalando que se proyectaba una transacción promedio de 30 mil dólares por empresa participante.
La exposición fue organizada por Integradora de Destino México, dirigida por Óscar García Ramos, y contó con el respaldo institucional del Gobierno de Yucatán. Entre sus aliados estratégicos figuraron Israel Trade & Investment y Zafnat Group International. Además, los organizadores anunciaron previamente la participación de delegaciones comerciales de Israel en reuniones entre compradores, inversionistas y empresas.
La participación israelí se concentró en un pabellón comercial donde figuraron Bermad, dedicada a la fabricación de válvulas hidráulicas y sistemas de control del agua; Phytech, especializada en sensores y monitoreo de cultivos; Treetoscope, desarrolladora de tecnologías para medir las necesidades hídricas de los árboles; y Rivulis, fabricante de sistemas de riego por goteo. También participaron Sheffa, relacionada con la nutrición vegetal, e Irritec, empresa de origen italiano dedicada a sistemas de riego y fertirrigación.
La presencia de estas compañías adquiere particular importancia por las ramas de la producción en las que buscan ampliar sus mercados. El agua constituye un elemento indispensable para la producción agrícola y para la reproducción de la vida. Bajo las relaciones capitalistas, las tecnologías destinadas a su aprovechamiento son medios de producción cuya propiedad permite a las empresas obtener ganancias de los recursos naturales de las comunidades. La expansión de estos negocios puede incrementar la dependencia de los productores respecto de proveedores privados de tecnología, maquinaria e insumos agrícolas.
El capital invertido en la agricultura requiere medios de producción, materias primas y fuerza de trabajo. Su finalidad es obtener ganancias mediante la producción y circulación de mercancías. En las explotaciones agrícolas capitalistas, los trabajadores producen un valor superior al que reciben mediante su salario o mediante la compra mal pagada de su producto.
Sus beneficios económicos dependen de las relaciones de propiedad existentes. Cuando los medios de producción pertenecen a la burguesía, el incremento de la productividad se convierte en una posibilidad para ampliar sus ganancias, desplazar trabajadores, intensificar la explotación y fortalecer la concentración del capital.
El interés de las empresas israelíes por el mercado agrícola mexicano debe comprenderse dentro de este proceso de expansión internacional del capital. Lenin explicó que el imperialismo corresponde a una fase del desarrollo capitalista caracterizada por la concentración de la producción y del capital, el predominio de los monopolios, el desarrollo del capital financiero y la exportación de capitales. La expansión de empresas hacia nuevos mercados forma parte de las relaciones económicas internacionales del capitalismo.
En el caso de Yucatán, la información publicada hasta ahora confirma actividades de promoción comercial y reuniones empresariales, pero todavía no permite establecer qué inversiones fueron concretadas durante Pro Agro Innovación. Esta distinción resulta necesaria para determinar el alcance real de los acuerdos. Lo que está documentado es la participación del Gobierno estatal en la promoción del encuentro y la presencia de una representación comercial vinculada con el Estado genocida de Israel.
¿Y por qué debería el estado mexicano romper relaciones económicas con Israel? Desde octubre de 2023, la ofensiva militar israelí contra Gaza ha provocado una devastación humana y material de enormes proporciones. En enero de 2024, la Corte Internacional de Justicia ordenó a Israel adoptar medidas para prevenir actos comprendidos en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. La controversia sobre la responsabilidad internacional de Israel ha colocado sus acciones militares bajo un escrutinio jurídico que continúa siendo fundamental para las denuncias contra la ocupación y la violencia ejercida sobre Palestina.
Mientras se desarrolla este genocidio, el Estado mexicano mantiene vigente su Tratado de Libre Comercio con Israel y continúa permitiendo las actividades de promoción empresarial de su representación comercial. La contradicción entre las declaraciones diplomáticas favorables a la paz y la continuidad de los negocios muestra los límites de la política de un Estado cuya economía descansa sobre la propiedad privada de los medios de producción y la acumulación capitalista.
El Gobierno de Yucatán participa de esta contradicción cuando promueve encuentros empresariales que incluyen a representantes comerciales del Estado de Israel. La administración de Joaquín Díaz Mena presenta estas actividades como oportunidades de desarrollo económico para el campo yucateco. Sin embargo, el contenido de clase de esta política se expresa en el fortalecimiento de las condiciones para la acumulación privada, la ampliación de los mercados y la entrada de capitales extranjeros, de ninguna forma beneficia a las y los trabajadores del campo.
El problema trasciende la responsabilidad individual de los funcionarios que participaron en la exposición. El Estado mexicano, como Estado de la burguesía, garantiza las condiciones generales para la reproducción de las relaciones capitalistas. La permanencia del tratado comercial con Israel demuestra que estos compromisos económicos pueden conservarse durante gobiernos de distinta procedencia partidista.
La exigencia de romper relaciones comerciales y diplomáticas con Israel adquiere, en estas circunstancias, un contenido político concreto. Implica terminar los mecanismos de cooperación económica que contribuyen a sostener sus relaciones internacionales y ejercer presión para detener la violencia contra el pueblo palestino. Esta exigencia forma parte de la lucha internacional contra la ocupación, el desplazamiento forzado y el genocidio denunciado en Gaza.
Sin embargo, las condiciones materiales que determinan la política del Estado mexicano permiten comprender las dificultades para que sus gobernantes adopten una ruptura de esta naturaleza. La burguesía mexicana mantiene intereses comerciales con Israel y con otros Estados cuyos capitales participan en la economía nacional. La conservación de esos vínculos responde a las necesidades de acumulación y a las relaciones económicas internacionales de las que forma parte México.
La solidaridad con Palestina exige, por tanto, una lucha política que cuestione las relaciones económicas que permiten la continuidad de esos vínculos. El proletariado mexicano comparte con los trabajadores palestinos una condición histórica determinada por la explotación capitalista, aunque sus circunstancias nacionales y las formas concretas de dominación sean diferentes. La lucha contra la ocupación de Palestina y la lucha contra la explotación capitalista encuentran en el internacionalismo proletario una base para la acción común.
El rompimiento de relaciones con Israel constituye una medida urgente de presión política y económica frente a la violencia contra el pueblo palestino. La experiencia histórica demuestra que el Estado burgués actúa conforme a las necesidades de reproducción del capital, incluso cuando sus representantes proclaman compromisos con la justicia y la paz.
La superación de estas contradicciones requiere que el proletariado conquiste el poder político y transforme las relaciones de propiedad sobre los medios de producción. Un Estado dirigido por la clase trabajadora tendría la posibilidad de orientar la producción hacia la satisfacción de las necesidades sociales y establecer relaciones internacionales basadas en la solidaridad entre los pueblos. La lucha por Palestina forma parte de esa tarea histórica. Su emancipación y la de los trabajadores de todos los países encuentran en la lucha contra el imperialismo y el capitalismo una causa común.









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