¿Por qué me siento tan mal? (Explicación materialista y dialéctica)

Por Hiram Quintero
Vivimos en una etapa de la humanidad muy desarrollada tecnológicamente. Gracias al avance industrial, tenemos acceso a recursos materiales que nuestros antepasados tal vez jamás hubieran soñado, y esto se puede evidenciar con el aumento de la esperanza de vida, que es mucho mayor que en el pasado. Sin embargo, se presenta un malestar generalizado de ansiedad y depresión que desemboca en malestar físico, como el llamado “burnout” o síndrome del trabajador quemado.
Al hombre de a pie, esta contradicción entre el aumento de recursos y el empeoramiento de la salud mental y física puede presentársele como una casualidad, pues se le ha dicho que el origen de sus problemas está en cómo piensa y no en cómo es la realidad, por lo que puede pensar que basta con ser positivo y esforzarse lo suficiente para enfrentar las situaciones. Se nos hace creer que con esfuerzo individual podemos mejorar nuestra vida. Se presenta como un nuevo trabajo para el obrero el de gestionar sus emociones y estar bien, ya que solo él es responsable de sus fracasos o logros.
Así vivimos vidas de callada resignación, pues no se plantea que la vida pueda ser distinta, pero este malestar no puede ser atenuado para siempre y también evidencia que nuestras condiciones de vida son incompatibles con nuestras necesidades humanas básicas. Tal vez tengas todo lo que se supone que debe tener alguien para ser feliz, como una familia que te ama, un trabajo estable, etc., pero aun así puede ser que en el día a día te sientas miserable y veas cómo comienza a mermar tu salud. Sientes que no hay una respuesta clara más allá de ti, que la vida es así y solo queda aceptarla.
Querido lector, te ofrezco una interpretación materialista y dialéctica, lo que quiere decir que tomaremos en cuenta las causas materiales de este malestar, pero también cómo las fuerzas en contradicción nos llevan a un cambio en el desarrollo histórico, pues la vida jamás se mantiene estática, sino en constante cambio. Por esto, presentaré las principales contradicciones contemporáneas que generan este malestar, pero también propondré que la solución está en la colectividad y en la solidaridad entre la clase trabajadora.
1. Contradicción entre el carácter social del trabajo y el beneficio privado individual
Todo lo que tenemos es gracias al trabajo colectivo de cientos de obreros y obreras que día con día van a las fábricas, a sus centros de trabajo, a los hospitales, y que realizan labores de cuidados y limpieza. Sin ellos y ellas es imposible el desarrollo y la satisfacción de las necesidades de toda la población. Sin embargo, la mayor parte de la ganancia económica que producen estos trabajadores se la lleva el propietario de los medios de producción y no quien, con su fuerza de trabajo, produce la riqueza. Esto es la extracción del valor de la fuerza de trabajo. Existe un tope para la ganancia, que es el salario mínimo, mientras que el dueño de los medios de producción acapara y recibe el sobrante, incluso si, con el tiempo, el trabajador ya cubrió los gastos de los medios productivos. Con este dinero sobrante pueden hacerse de terrenos, materias primas, mano de obra barata, entre otras cosas.
Esta primera contradicción genera malestar porque el que gana siempre es el propietario, y la clase obrera termina dando su fuerza de trabajo a cambio de solo el dinero mínimo para vivir. No puede aspirar a satisfacer todas sus necesidades. Por lo que vemos dos clases sociales, una que puede darse el lujo de beneficiarse del trabajo de otros sin trabajar y otra que tiene que vivir al día.
La resolución de esta contradicción está en que, al ser el trabajo colectivo, los beneficios deben ser también colectivos, no solo para una persona, pues el interés del propietario, al ser individual, jamás velará por el grueso de la población, por lo que es capaz de cerrar su empresa, vender su producto a precios elevados para sus trabajadores o invertir sus acciones en armas para la guerra, aun si esto perjudica directamente al trabajador. Que el propietario gane es proporcional a que el trabajador pierda, pues no existe clase burguesa sin clase proletaria.
Los cuentos meritocráticos de que todos pueden llegar a ser dueños de su propia empresa se vienen abajo, pues se necesita mucho capital para ser empresario y se necesita explotar fuerza de trabajo también. También se viene abajo el mito de que ellos están ahí porque se lo merecen, pues sus fortunas las heredaron y les basta con contratar a expertos en finanzas para que lleven sus planes de negocios y no se arriesguen a perder su capital.
Es una necesidad la apropiación de los medios de producción para volver la ganancia colectiva y así elevar la calidad de vida. Y esto, como en el fin del sistema feudal, solo se puede lograr a través de una revolución violenta para tomar el poder y acabar con la violencia del Estado burgués, pues no lo ceden de buena voluntad. El obrero no tiene nada más que perder que sus cadenas. Luchar para tener una sociedad socialista donde los que trabajan son los que comen y no exista el parasitismo burgués.
2. La contradicción entre las necesidades humanas y las condiciones materiales
Para vivir una buena vida necesitamos tiempo para estar con las personas que amamos, tiempo para hacer ejercicio y poder preparar comida saludable, tiempo para crear lazos sociales con nuestra comunidad y tener amigos, poder participar en eventos culturales, tiempo para relajarnos y disfrutar. Necesitamos educación continua para poder estar al día y desarrollarnos profesionalmente, necesitamos atención y acceso a todos los servicios de salud, parques para hacer actividades, espacios libres de contaminación tanto visual como atmosférica. Necesitamos una casa para vivir, agua limpia, drenaje, luz y todos los servicios.
Muchas de estas cosas se nos han negado porque se han vuelto un lujo para la clase trabajadora, y vemos personas que tienen que tener hasta dos trabajos para poder tener un estilo de vida digno, pues la vida se ha encarecido. Mientras, vemos aumentar nuestra economía sin que aumenten los sueldos, y crece la inflación.
No disponemos de tiempo. Trabajamos seis días a la semana, y muchos pasan hasta tres o cuatro horas diarias en transporte público para ir al trabajo. Tenemos que hacer labores del hogar, como limpieza, preparación de alimentos, cuidado de nuestros adultos mayores o infancias, organizar y hacer que el poco dinero que ganamos rinda. Necesitamos dormir al menos ocho horas diarias.
Muchos tenemos deudas para pagar un carro y así reducir el tiempo de traslado al trabajo, ya que el sistema de transporte es ineficiente y está pensado para el coche individual, cuyas emisiones contaminan más que el transporte colectivo. También se suele sacar crédito para tener una casa que está en la periferia, pues las viviendas cerca del trabajo tienen costos altísimos o bien nadie las habita y grandes empresas las compran como forma de hacer que su dinero no se pierda con la inflación o para rentarlas.
Nuestra salud es la que más se ve afectada y pagamos la factura teniendo, por ejemplo, que ir a terapia física, pues nuestro cuerpo se deteriora y nuestro ambiente de trabajo es adverso. Sobrevienen lesiones como dolores de espalda, de rodillas, etc. Tenemos que ir a terapia psicológica o al psiquiatra porque no aguantamos el estrés y la ansiedad que implica sostener una vida llena de mandatos y obligaciones que no nos da la vida para cumplir. No nos da el tiempo para ser buenos trabajadores y tener una vida personal y familiar. Y así, en general, con otros servicios de salud que deberían ser una necesidad y actuar desde la prevención, pero que en este sistema se vuelven la última opción ante la emergencia.
3. La contradicción entre el proletariado y la burguesía
Tenemos dos clases sociales que, por lo tanto, tienen formas de pensar o ideologías distintas. La clase burguesa, que es la minoría y no quiere que todo cambie, pues la forma en que opera el sistema, donde la ganancia es privada, le beneficia. Así, sus familias han hecho crecer sus fortunas de forma exorbitante por mucho tiempo. En esencia, son conservadores y tienen los medios económicos, políticos y el poder de no solo promover su ideología, sino también de llevar a cabo el cumplimiento de sus intereses.
Esto se puede evidenciar en la forma del Estado imperialista monopolista, que es el Estado capaz de iniciar la guerra para hacerse de recursos económicos, mandando a obreros a morir, acabando con familias enteras y generando catástrofes ecológicas y humanitarias.
Ahora bien, la clase proletaria es la que va en aumento y es la mayoría. Si bien su forma de pensar puede estar alineada con la burguesía, esto solo es momentáneo, pues la realidad se impone y es capaz de verse como lo que es, la clase explotada.
Al ser los más, son la clase que en su ideología es solidaria con su misma clase, no tiene motivos para entrar en conflicto como los burgueses entre sí y, desarrollando una concepción científica e histórica, es capaz de emprender los cambios revolucionarios de verdad. Es la clase revolucionaria de nuestra actualidad, como lo fue la burguesía contra los señores feudales.
Tiene la capacidad de parar la economía del país, pues sus manos la sostienen. Puede y ha ejercido presión para avanzar por la justicia social y por más y mejores derechos laborales. Si bien esta contradicción entre intereses de estas dos clases trae mucho malestar, solo es un malestar momentáneo, pues nosotros, los proletarios, somos capaces de parir la nueva sociedad socialista. Debemos tomar las armas y la contraofensiva.
4. La vida del ecosistema natural frente al interés capitalista de acumulación
La forma de producción desmesurada del capitalismo, que sobreproduce, compite y acapara recursos, es incompatible con la vida. Hemos empezado a ver cómo aumenta la temperatura en el planeta, cómo nuestra agua, aire y suelo son contaminados por las grandes industrias, cómo se siguen construyendo resorts en zonas supuestamente protegidas donde el gobierno es el que da los permisos.
Se están destruyendo especies animales necesarias para el ecosistema, llevándolas al punto de extinción. La devastación de las zonas trae muchas consecuencias inesperadas, como epidemias por virus y otros malestares. No hay un cuidado por la vida y su biodiversidad, ni interés real. Las empresas solo se posicionan cuando su imagen se ve dañada.
No nos queda mucho tiempo que perder, pues el reloj sigue avanzando y el daño está hecho y sí tiene repercusiones en nuestro futuro como especie. Es necesario el cambio a un sistema económico que sea compatible con la vida.
5. La resignación frente a la lucha (conclusión)
Necesitamos, como clase, armarnos con la conciencia de clase y la ciencia proletaria del materialismo dialéctico, legado de Marx y Engels. Saber que somos capaces de comprender la realidad y también de transformarla. Tenemos el legado histórico que nos respalda del movimiento obrero, que en su tiempo alcanzó derechos que muchas veces se han visto retroceder, pues se oponen a los intereses del capitalista.
Si no luchamos ahora, tendremos que luchar mañana, pues las condiciones así lo exigen. La resignación es muy cómoda, pero igual de dañina, pues nos hace dóciles, débiles e incapaces de enfrentar los desafíos del día a día. La única forma de salir del aletargamiento

Artistas: Zaher El Bizr








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