La precariedad laboral, en una ciudad de Desarrollo.
- Militante

- 29 may
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Por Mijaíl G.
La ciudad de Mérida, Yucatán, se ha convertido en una de las ciudades con mayor crecimiento en los últimos 30 años. Este crecimiento ha sido exponencial, al punto de que cada vez queda menos superficie sin construir. Por ello, se ha comenzado a construir hacia arriba, mediante edificios y torres de varios pisos, como plazas comerciales, departamentos, oficinas, entre otros espacios.
Estos nuevos edificios se encuentran, en su mayoría, en la zona norte de la ciudad, una zona casi exclusiva para la burguesía. Para la clase trabajadora ocurre lo contrario, pues esta zona se convierte únicamente en un espacio donde presta sus servicios. Aunque estos edificios cuentan con tecnología llamada de última generación, dicha tecnología no está disponible para quienes trabajan en ellos. Esto genera condiciones de precariedad laboral.
Un ejemplo claro son los guardias de seguridad, quienes en algunos casos no cuentan con un espacio asignado, como una caseta, para realizar su jornada diaria. Por ello, deben permanecer de pie bajo el sol, la lluvia o en la entrada de los edificios. Otro caso ocurre cuando trabajadores como albañiles, carpinteros, electricistas, entre otros, prestan sus servicios y tienen que subir por las escaleras de servicio cargando sus equipos y herramientas, ya que no se les permite usar el ascensor, reservado exclusivamente para los inquilinos. Muchas de estas escaleras son de varios pisos, no cuentan con ventilación ni aire acondicionado, y además son estrechas, lo que dificulta el trabajo y pone en riesgo a la clase trabajadora.
Otro factor relacionado con estos nuevos edificios es que ahora se requiere contar con equipos y herramientas especializadas, las cuales son costosas en el mercado. Esto se debe a que los espacios destinados para colocar aires acondicionados, tuberías de agua, gas, lámparas y otros elementos son muy reducidos o tienen características específicas que impiden realizar un trabajo más artesanal. Como consecuencia, aquellos trabajadores por cuenta propia que no cuentan con el dinero para adquirir estas nuevas tecnología se vean obligados a trabajar para una empresa como asalariados, generalmente con pocas o nulas prestaciones laborales.
También se vuelve necesario aprender nuevas disciplinas, como el alpinismo, entre otras, debido a que estos edificios están diseñados con una reducción extrema de los espacios destinados a los equipos del hogar. Después de un periodo de uso, dichos equipos requerirán mantenimiento, y es ahí donde nuevamente interviene la clase trabajadora.
Aunque el gobierno en turno simula apoyar a la clase trabajadora mediante leyes como la llamada “Ley Silla”, estas medidas no llegan a impactar de manera total en sus condiciones laborales, pues su alcance se limita a ciertos sectores de trabajadores.

Foto tomada de la Red, trabajador Guardia de seguridad en torre Capital SKY en el sol durante su jornada laboral.








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