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El primer trillonario de la historia, la contradicción del capitalismo

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    Militante
  • 1 jul
  • 2 min de lectura

Por Neftalí Ricardo


En el mundo, la pobreza expresa las contradicciones históricas del capitalismo en su fase imperialista. De acuerdo con datos del Banco Mundial, alrededor de 3 mil 500 millones de personas, es decir, el 44% de la población mundial, viven en pobreza. De ellas, 831 millones viven en pobreza extrema. Estas cifras son una radiografía del modo de producción capitalista. La acumulación de capital reproduce una masa de trabajadores cuya existencia queda atada a salarios insuficientes, deuda y encarecimiento de los medios de vida.


La producción mundial crece, las cadenas globales de valor se expanden, la tecnología acelera la productividad y los mercados financieros extienden sus dominios. Al mismo tiempo, una parte inmensa de la humanidad permanece con ingresos por debajo de lo mínimo requerido para una vida digna. Esto permite ver que la pobreza mundial es resultado de un modo de producción dominado por la propiedad privada de los medios de producción y por la subordinación del trabajo vivo al capital.


Frente a esta realidad, los medios aclamaron a Elon Musk, quien fue presentado como el primer trillonario del mundo tras el debut bursátil de SpaceX, cuyas acciones se dispararon en su primer día de cotización y elevaron el valor de mercado de la compañía a cerca de 2 billones de dólares. Pero no se mencionó que la riqueza de un magnate, presentada como patrimonio personal, se debe realmente a una red planetaria de trabajadores y trabajadoras.


Si pensamos que una persona necesita al menos 25 dólares diarios para vivir con dignidad durante una vida promedio de 73 años, un trillón de dólares permitiría sostener con dignidad aproximadamente 1 millón 501 mil 219 vidas humanas. Sin embargo, mientras 3 mil 500 millones de personas viven en pobreza, la acumulación privada de capital de una sola persona puede representar la vida entera de la población de una gran ciudad.


La economía mundial se pone en movimiento por millones de trabajadores y trabajadoras que hacen posible la producción y sostienen la circulación diaria de mercancías. Sin esa fuerza colectiva, ninguna bolsa de valores abriría, ninguna empresa tecnológica funcionaría, ningún satélite sería lanzado y ninguna industria acumularía capital. El capitalista se presenta como creador de riqueza, aunque en realidad personifica una relación social en la que el trabajo colectivo produce y la propiedad privada se apropia. La miseria de millones y el lujo de unos cuantos son momentos del mismo proceso de acumulación.


En este marco se entiende que magnates multimillonarios como Donald Trump presenten al comunismo como amenaza. La precisión de clase es indispensable. El comunismo representa una amenaza para su clase, para la burguesía, porque apunta contra la apropiación privada de la riqueza socialmente producida, contra la dictadura del capital y contra el derecho de una minoría a vivir de la explotación de la mayoría.


Si nosotros producimos todo, si nuestra fuerza de trabajo mueve el mundo, ¿por qué millones ni siquiera tenemos lo mínimo para vivir con dignidad? La lucha por un futuro mejor, por el socialismo y el comunismo, es hoy urgente. Las y los trabajadores no tenemos nada que perder más que nuestras cadenas. Tenemos, en cambio, una vida por ganar.



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© 2023 por Chak Sáastal

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