Apagones en Ciudad del Carmen golpean a colonias trabajadoras mientras la CFE no resuelve de fondo
- Militante

- 29 jun
- 3 min de lectura
Por Neftalí Ricardo
En una ciudad que durante décadas fue uno de los pilares de la economía de Campeche y nacional por su vínculo con la industria petrolera, las colonias populares vuelven a cargar con el costo de una infraestructura eléctrica insuficiente. Los apagones expresan el abandono urbano en los barrios donde vive la clase trabajadora. Ciudad del Carmen creció alrededor del trabajo. La actividad petrolera atrajo durante años a miles de personas que llegaron en busca de empleo, salario y estabilidad. y mientras esa fuerza de trabajo movía la economía local, las colonias donde habitan quedaron marcadas por la precariedad.
Los apagones registrados en junio del presente año muestran esa contradicción. La ciudad sigue siendo estratégica para la circulación económica del estado y del país, pero vecinos de distintas colonias populares han tenido que cerrar calles, avenidas, puentes y tramos carreteros para exigir energía eléctrica continua, segura y suficiente. Las protestas surgen del hartazgo acumulado ante cortes prolongados, bajones de voltaje, transformadores que fallan, alimentos que se echan a perder, aparatos dañados y reportes sin solución oportuna.
En colonias como Tierra y Libertad y El Potrero, vecinos bloquearon el puente que conecta con Santa Rita para exigir a la Comisión Federal de Electricidad una respuesta ante los constantes cortes de energía. En otros puntos de Carmen también se han registrado bloqueos sobre avenidas y vías estratégicas, incluida la carretera federal 180 en la Península de Atasta. La protesta vecinal se ha convertido en el último recurso de una población que agota los canales ordinarios y encuentra respuesta hasta que interrumpe la circulación.
La explicación técnica habla de transformadores reventados, altas temperaturas y aumento del consumo eléctrico. Esa explicación queda corta ante la vida concreta de las familias afectadas. En una ciudad de calor extremo, la energía eléctrica no es un lujo, sirve para hacer funcionar el ventilador, el refrigerador, la bomba de agua, artículos que sirven para que la clase trabajadora pueda vivir. Cuando la red falla, se golpean las condiciones mínimas de vida.
Los vecinos exigen que funcione un servicio básico por el que pagan y del que depende la reproducción diaria de sus hogares. Denuncian que los cortes se repiten, que la luz regresa con variaciones de voltaje, que los electrodomésticos se dañan y que la CFE aparece cuando el bloqueo ya paralizó una calle o una carretera. En los hechos, la población trabajadora tiene que interrumpir la circulación de la ciudad para que su propia vida sea tomada en cuenta.
Los apagones deben leerse como un problema político. La red deteriorada tiene consecuencias concretas y las pagan quienes viven en colonias populares. La clase trabajadora sale a la calle para exigir lo mínimo porque la atención institucional llega tarde. Cuando las colonias bloquean, muestran el desorden real de un modelo urbano que necesita de su trabajo, pero mantiene en precariedad los barrios donde esa población vive.
El Estado debe responder con algo más que reparaciones emergentes. Se requiere sustitución de infraestructura obsoleta, ampliación de capacidad, mantenimiento preventivo, atención transparente de reportes, reparación de daños a usuarios afectados y un plan específico para las colonias que han padecido apagones constantes. La organización popular aparece como una necesidad urgente. En cada calle cerrada, en cada puente bloqueado y en cada colonia que exige luz, se expresa una demanda elemental de vida digna.









Comentarios